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Martes 18 de Setiembre de 2018
   
Has de cambiar tu vida de Peter Sloterdijk
Sabado 20 de Abril de 2013 :: Categoria: INSPIRACIONES
Un libro aparecido en este año, cuyo nombre nace de un poema de Rilke a partir del Apolo de Rodin en el Louvre, nos pone de frente ante las tradiciones ascéticas de oriente y occidente: ¿pueden haber respuestas a la actual crisis global desde esos ejercicios ascéticos? Leerlo es como conversar con un viejo sabio de voz pausada y profunda.  
 
Benjamin Casadiego

Piensa, finalmente, en retirarte hacia aquella región que eres tú mismo, y, sobre todo, no te disperses.
Marco Aurelio

Los etimólogos y psicólogos explican cómo Sucht (adicción) y Suche (búsqueda) forman parte del mismo todo.
P. Sloterdijk

Peter Sloterdijk realiza a sus 64 años una caminata diaria de dos horas en las afueras de Karlsruhe, pequeña ciudad de estructura radial al suroeste de Alemania, en el estado Baden-Württemberg, donde dirige la universidad local. Desde hace 20 años sus libros lo han catapultado como el filósofo alemán más influyente después de Jurgen Habermas. ¿Cómo podríamos explicar este éxito, casi de best seller? Una aproximación como respuesta: la fascinación que produce un cuerpo abierto y estudiado. Nos gusta su implacable disección de la estructura social como un cuerpo, a la manera del artista plástico Günter Von Hagens y sus cuerpos disecados en movimiento.  

Desde sus libros es responsable de poner en debate conceptos como eugenismo, (el diseño genético para mejorar la salud del ser humano), antropotecnología (rama de la biología aplicada que propone mejorar las características física e intelectuales del hombre), burbujas, esferas, incubadoras, invernaderos, donde, según el filósofo, el hombre se construye, se protege y cambia. “El modernismo fue la época de la construcción del gran invernadero de cristal. El posmodernismo es la vida después de su inclusión total en ese gran invernadero. La periferia está allí simplemente para recordarnos que todo es muy seguro y que es necesario proteger la estructura a cualquier precio.” Dijo a La Nación, de Buenos Aires.

Su último libro, Has de cambiar tu vida (Pre-Textos 2012), tiene que ver con la historia de los procesos inmunológicos espirituales desde las antiguas tradiciones filosóficas de oriente y occidente.

¿Desde qué luz mirar nuestras decisiones espirituales como seres humanos que cruzamos calles, escampamos de la lluvia o nos refugiamos en nuestras casas? ¿Hacia dónde nos refugiamos? ¿De quién o de qué? ¿Cómo enfrentamos los miedos? Nuestros acercamientos al arte, a la educación, al deporte, a las religiones, ¿qué pueden significar? Ya sea el arte, la religión o los deportes requieren de nosotros un comportamiento ascético, una disciplina, un refrenamiento de las pasiones.  
 
 
El capitulo 3 de la Primera parte nos deja ver su centro a partir de la historia de una confusión en el uso de dos palabras claves en nuestra civilización: Hábito y pasión, debate que sigue una línea de trabajo partiendo de Heráclito, pasando por Platón, Sócrates y cerrando en Heidegger que intenta, en el siglo XX, aproximar una traducción, casi “ponerse en los zapatos” de los griegos del siglo VI.

Esta es la historia. Para Heráclito, el acceso al discurso de la razón, al lógos, no es asunto de multitudes (el gregarismo no conecta con lo superior), no por simple prejuicio elitista, sino porque para él solo las minorías advierten el lógos, con lo que marca la diferencia entre pensadores y no pensadores: los que prestan atención al lógos y los que van por la vida sin complicaciones intelectuales. Para el filósofo de Éfeso el pensar, está en el dominio del ser juicioso (sophronein), cosa de la que afirma que es la virtud (areté) más grande.

La ética, como primera teoría, surge precisamente de ese gesto, de la subordinación del no ser-juicioso (sophronein) al ser-juicioso. De allí que el Ethos sea el conjunto de comportamiento o hábitos

Cien años después de Heráclito, Platón coloca a la prudencia (sophrosýne) en el individuo y en la polis, es decir en el centro de la vida pública. Allí es definida la prudencia o sensatez, primeramente, como “dominio sobre las pasiones”, donde la palabra griega para pasión es Daímon. De allí que pueda decir que un hombre refleja su comportamiento personal en la ciudad: “Como en la psique, así también en la polis”. De esto se desprende que si los peores seres humanos están gobernando el país es porque faltó adiestramiento o el adiestramiento fue fallido. De allí surge otra palabra clave, paideía: juicio y adiestramiento (lo resultante de una enseñanza de orden intelectual y un entrenamiento físico). Si faltó adiestramiento o éste fue equivocado, ¿quién responde? La misma polis que como organismo vivo ha generado acciones confusas, pues una cosa es controlar nuestros demonios internos y otra desarrollar una estrategia de ejercicios intelectuales conducentes a participar con calidad en la vida de una sociedad. Una cartilla de los años 30 en Colombia desarrolla a la perfección, mediante dibujos y textos, esa confusión: niños sumisos y buenos, (una nación de blancos pulcros), que aprenden y obedecen a profesores entronizados en su saber.

La confusión de base tanto de la ética griega como del arte de la educación perteneciente a ella surge de la circunstancia de que nunca estuvo en condiciones de elaborar con la claridad necesaria la diferencia entre pasiones(Daímon) y hábitos (Ethos), por lo que tampoco conceptualizó nunca claramente la correspondiente distinción entredominación y ejercicio. Las consecuencias quedarían de manifiesto en la ambigüedad, de más de dos milenios, de la pedagogía europea. Ésta abogó con frecuencia, al principio mediante una disciplina basada en la dominación, a sus educandos tratándolos como a inferiores, para terminar dirigiéndose a ellos, cada vez más frecuentemente, como a falsos adultos exentos de toda disciplina y del esfuerzo del ejercicio. Que los alumnos son en primer lugar y la mayoría de las veces, atletas en ciernes, por no decir acróbatas, a los que se trata de poner en forma nunca quedó patente con la explicitud que se debe a una cosa tan importante, a causa de la mistificación moralista y política de la pedagogía. 

 
La acrobacia es una disciplina que salta de manera transversal en el libro. El acróbata es aquél que luego de ejercicios rigurosos logra realizar maniobras riesgosas, al filo de la vida, sin que los espectadores accedan a la dificultad, oculta tras una sonrisa de seguridad. Cuatro ejemplos de acróbatas, además de todos los circos del que el autor parece ser asiduo, están: Kafka, del cual se analiza su cuento Un artista del hambre, Nietszche, Emile Cioran y Wittgenstein. “Mientras las pasiones requieren un freno, los hábitos tienen que construirse con adiestramientos y ejercicios bastante largos, crecen mediante un comportamiento de repetición mimético, para convertirse, a partir de un determinado punto de su desarrollo, en un empeño propio apoyado en la voluntad del sujeto. Con todo, por muy elemental que parezca la diferenciación entre hábitos y pasiones, la asociación de estas dos magnitudes lleva en la historia del pensamiento ético a múltiples confusiones”.

Dos errores de la ética primigenia de la filosofía europea: el primero confundiría el refrenamiento de las pasiones con la expulsión de demonios inferiores. El segundo confundiría la superación de los malos hábitos con la iluminación por parte de espíritus superiores. Los representantes del primer camino: las corrientes estoicas y gnósticas, con su inclinación a la evasión hacia un mundo superior. Del segundo: las tradiciones platónicas y místicas, con su inclinación a la mortificación de la carne o a sobrevolar por encima de la experiencia corporal. Dos corrientes fuertes dentro de la cultura occidental, pero, por fortuna, no las principales. “El hecho de que estos caminos no se convirtieran en las corrientes principales se lo debemos a la resistencia de las éticas pragmáticas, ayudadas por la sabiduría anónima de la cultura de la cotidianidad.  Estas dos son las fuentes de donde bebe la herencia del saber europeo sobre el arte de vivir”.

¿Somos solidarios como raza? ¿Somos altruistas? Simplemente nos protegemos de los demás, llámese vecino hostil, compañero de trabajo, país, empresa. Nuestra solidaridad hace parte de las estrategias de supervivencia: hoy por ti mañana por mí. Nuestras sociedades, como un organismo biológico se protegen entre sí. “Toda la historia es la lucha entre sistemas inmunológicos”.

La inmunidad biológica hace referencia al plano del organismo individual, relacionada formalmente con los dos sistemas inmunológicos sociales: el sistema solidario y el simbólico. “El primero garantizaría la seguridad jurídica, la asistencia existencial y los sentimientos de parentesco, más allá de las respectivas familias. El sistema simbólico depararía una seguridad en la imagen del mundo, una compensación de la certeza de la muerte y una constancia de las normas que abarca generaciones. Estos sistemas, al igual que los biológicos pueden pasar etapas de debilidad o de fracaso. Su colapso, al igual que el biológico significaría el colapso de la colectividad”.

La muerte. Mirar lo otro como ajeno y dispuesto para la rapiña está colapsando, pese a que lleva más de 500 años, desde 1492 con el viaje de Colón y el exterminio de las culturas nativas americanas. “La actual situación del mundo se caracteriza por no poseer ninguna estructura inmunitaria conjunta que sea eficiente para los miembros de esta sociedad planetaria. En el plano más alto, la solidaridad sigue siendo una palabra vacía. La razón es evidente: las unidades efectivas de solidaridad coinmunitarias serían hoy día, como lo eran en los tiempos pasados, de tipo familiar, tribal, nacional e imperial. Funcionan, en el caso de que funcionen, de acuerdo con los formatos respectivos de diferenciación entre lo propio y lo ajeno”.

 
Si el capital, con sus (demostradas hoy día) endebles andamios del consumo, está a punto de colapsar en la cultura occidental, entonces es la misma crisis global la que puede decirnos algo. Frente al comunismo, “un conglomerado de pocas ideas verdaderas y muchas falsas”, estaríamos hablando de una macroestructura de inmunizaciones globales, de un coinmunismo. “El romanticismo de la fraternidad se vería reemplazado por una lógica cooperativa. La humanidad se convertiría en un concepto político”.

Una estructura así se llama civilización. Las reglas de su Orden se han de redactar ahora mismo, o no se harán nunca. Éstas codificarían las antroptécnicas acordes con la existencia humana en el contexto de todos los contextos. Querer vivir obedeciéndolas significaría la resolución de adoptar en los ejercicios de lo cotidiano los buenos hábitos de la supervivencia común.

Faltaría entonces un cambio sustancial en nuestras costumbres: de estar refugiados en nuestros seguros nichos espirituales (de consumo y de no consumo), una sociedad de malabaristas ascetas atravesando la noche en equilibrio con una sonrisa segura, o la preponderancia de que lo cercano a nosotros solo puede sobrevivir si estamos conectados con lo lejano, tal vez desconocido, tal vez diferente, que es ni más ni menos el aterrizaje del joven Heideguer a comienzos del siglo XX, cuando zanja el debate de las corrientes que intentan huir del mundo: “Éste puso el reloj de la reflexión filosófica en una hora que se remontaba a más de dos milenios y medio, cuando en su primera obra fundamental, Sein und Zeit, de 1927, se decidió a recomenzar el pensar filosófico ubicando a la existencia como un ser-en-el-mundo”.

En una civilización donde la palabra, como hemos visto, define estrategias de ser en el tiempo y el mundo, acertadas o equivocadas, nuestro sistema escolar tiene mucho que decir en la construcción del lógos, entendido éste como 'discurso', 'razón', o, desde la filosofía y teología medievales, la razón divina que actúa como principio ordenador del universo. Es decir, una experiencia sicagógica: desde el poder de la palabra.

De allí que la respuesta de un sistema escolar en-el-mundo tendría que atravesar su propia verdad. Sin embargo es difícil que con esta estructura de pensamiento en nichos de protección y cultura del selfishness podamos esperar, como dice el autor, “un sistema escolar que un día sea lo suficientemente perverso como para admitir que su única tarea consiste en mantenerse, de algún modo, él mismo vivo, para aportar a quienes sacan provecho de él, sobre todo a docentes y a empleados de la Administración, el disfrute de un lugar de trabajo seguro y de sólidos beneficios”.

Para Sloterdijk, el fin de la vida fácil es irreversible, pero esto no significa el final: estamos en el comienzo del pospesimismo. 
 
Imágenes de los artistas plásticos Günter Von Hagen y Joseph Cornell, en su orden. 
 
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